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La historia nos va dejando mojones, huellas en donde podemos detenernos y pensar sobre ese pasado. Son marcas de procesos siempre de más larga duración, complejos y profundos, son marcas que nos interpelan, que nos plantean nuevas preguntas, nos hacen volver a pensar sobre aquellas respuestas que siguen en construcción.

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Una fecha representa, un día específico el cual puede oficiar de catalizador de la acumulación de experiencias, luchas, producciones, violencias e historias.

Podemos pensar en el 8 de marzo como esa huella que representan millones de historias individuales, pero sobre todo colectivas; historias de mujeres que se pensaron a sí mismas en su tiempo y en su espacio; que fueron de avanzada en sus ideas, en sus reclamos y que aportaron a la transformación de la realidad de todas nosotras.

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El 8 de marzo es la historia del feminismo, de sus precursoras, de sus luchadoras, de sus teóricas, de todas las mujeres que se han empoderado con él, en definitiva, es la historia de las mujeres en su más amplia expresión.

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Esta historia no es reciente, ya desde el renacimiento podemos rastrear algunas obras en donde la vida y el mundo de las mujeres oficia como articulador del relato, La ciudad de las damas de Christine de Pizan o los escritos del cura Pullain de la Barre y su Igualdad de los Sexos de 1671 por citar algunos ejemplos.

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Pero es recién en el siglo XVIII, el “Siglo de las Luces”, que traerá consigo la razón, el empirismo y el utilitarismo; las revoluciones liberales, científicas y técnicas; en el que se sentarán las bases del Occidente moderno, se cambiará la estructura política con la caída del Antiguo Régimen y las formas de producción con la Revolución Industrial.

Las mujeres no estarán ajenas a esta realidad, es más serán protagonistas indiscutidas de muchas de las revoluciones con una agenda propia de cara a la nueva sociedad que se estaba gestando.

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El feminismo nace como teoría y práctica. La producción de conocimiento en torno a la realidad social, cultural e histórica del rol de la mujer, sale de la esfera doméstica para apropiarse del espacio público. Pero la libertad, la igualdad y la fraternidad la disfrutarían los ciudadanos activos, es decir, los varones mayores de veinticinco años, propietarios e independientes.

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Las mujeres del siglo XVIII reclamaban derecho a la educación, al trabajo, derechos matrimoniales, derechos respecto a sus hijas e hijos y derecho al voto; también se realizaron claros planteos con respecto a la protección económica y personal.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana de Olympe de Gouges es una clara muestra de cómo la revolución niega a las mujeres como sujeto de derecho. Mujer atípica en su tiempo, una prolífera escritora digna exponente del movimiento de mujeres revolucionarias; que llevaron adelante clubes republicanos femeninos, donde se canalizaron reclamos y propuestas, con una clara convicción de que deberían participar activamente de la vida política de su país.

Vindicación de los derechos de la mujer (1792) de Mary Wollstonecraft será una obra estructuradora del pensamiento feminista. Es la obra de una pensadora de la ilustración en donde la razón, universalidad, virtud e igualdad regirán como motor para desarmar los argumentos de la desigualad entre los sexos y de la educación no diferenciada entre mujeres y hombres. Llamaba “privilegio” al ejercicio del poder de los hombres sobre las mujeres. Wollstonecraft sufrió violencia familiar y consiguió múltiples trabajos como manera de eludir el matrimonio. Esa independencia del mundo masculino y la inagotable capacidad de pensarse forjó su pensamiento. Moriría 10 días después de parir a su segunda hija de una infección generalizada, producto de la mala praxis médica.

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Las mujeres de la ilustración aportaron temas fundamentales sobre la igualdad de los hombres y las mujeres, identificaron los factores sociales y culturales en los cuales se sedimentan las desigualdades ya no atribuibles a la naturaleza de las cosas o un propósito divino. Propusieron estrategias para su emancipación en clave de derechos. La reacción tanto de las viejas como las nuevas estructuras se pronunciaron con odio y saña; a estas mujeres les esperó la guillotina, el cierre de clubes, la prohibición de la participación política y el exilio.

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“(…)El recurso a la utilización metafórica de la ola describe a la perfección lo que el feminismo es(…), un movimiento social y político que se impone de forma arrolladora por la fuerza desatada en torno a la idea de igualdad.” .

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Siguiendo la metáfora que nos propone Alicia Mirayes, la primera ola del feminismo la protagonizaron aquellas mujeres de la Ilustración del siglo XVIII.

La segunda la podemos identificar con el movimiento de las sufragistas, herederas de la acumulación teórica y práctica; de las experiencias de aquellas mujeres que, a pesar del confinamiento doméstico, la exclusión del sistema educativo y por supuesto sin poseer ninguno de los derechos liberales, transformaron la concepción y el sentir sobre sí mismas. Arribando así a un camino sin retorno.

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El movimiento sufragista se da tanto de un lado como del otro del Atlántico.

Pero fueron las mujeres norteamericanas portadoras de la experiencia de la lucha de independencia de su país, las que se involucraron en los asuntos sociales y políticos.

La Reforma protestante iniciada por Lutero XVI, marcará el camino de estas Colonias. La interpretación de las escrituras y la fe se tornará un ejercicio individual e íntimo. La mujeres participarán activamente en los templos y se alfabetizarán para poder entender los textos religiosos; este cambio les permitió aprender y transformar su realidad.

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La Declaración de Seneca Falls de 1848 es la primera convención sobre los derechos de la mujer basada en la Declaratoria de Independencia de Estados Unidos. Pone de manifiesto las restricciones políticas para las mujeres como el voto, presentarse a elecciones, ocupar cargos públicos, afiliarse o a asistir a reuniones políticas, así también como las prohibiciones económicas tales como poseer propiedades (ya que estas eran transferidas a los esposos), negocios o cuentas bancarias.

La declaración exige la igualdad de derechos jurídicos y civiles, este documento emana de la convocatoria de mujeres, redactado por ellas y para ellas, transformándose en sujetos de acción política.

El sufragismo se convertiría en movimiento internacional que estaría presente en todas las sociedades industriales, fue de marcha lenta pero tenaz. Estas mujeres de enorme paciencia y solidaridad sentarán las bases de nuevas formas de lucha creativas y no violentas; pasarán casi tres generaciones de mujeres comprometidas con el sufragio y la educación hasta poder ver cristalizado, en 1920 el voto femenino en Estados Unidos.

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El Reino Unido por su parte, entorpeció cada paso que daban las sufragistas inglesas. Entrado el siglo XX pasaron a la acción directa, provocando la furia de la policía que arremetió contra ellas. Habrá que esperar el estallido de la Primera Guerra Mundial, para que el Rey declarara la amnistía de las sufragistas, encomendándoles el trabajo en las fábricas.

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Las nuevas condiciones de producción y configuraciones geopolíticas de finales del siglo XIX y principios de XX, introducirán a las mujeres en el mundo del trabajo asalariado y dentro de las lógicas capitalista de producción. Aunque las realidades de las mujeres trabajadoras y burguesas fuesen diferentes, estaban subyugadas y oprimidas por su condición de mujeres. Las primeras, enfrentaban terribles condiciones de vida y del trabajo fabril y las segundas estaban relegadas al mundo doméstico y cosificadas como trofeo de sus maridos.

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La masificación de la producción industrial de finales del siglo XIX, crea un ejército de nuevos actores sociales, el proletariado.

Habían algunas ramas de la filosofía intentado explicar la cuestión obrera, pero no se platearían, sino que tímidamente la doble condición de explotación de las proletarias: mujeres y obreras.

Aunque hubo puntos de encuentro entre el marxismo y el feminismo dado que ambos comparten la pertinencia en el análisis de la realidad en relaciones de dominación y opresión, aquel no encuentra una explicación a la dominación del hombre sobre la mujer, punto de las grandes polémicas entre el feminismo y el marxismo.

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No obstante, mujeres como Clara Zetkin activa militante comunista, fusiona las reivindicaciones sufragistas y la defensa de la participación en el sistema de producción. El feminismo de clase se desarrolla junto al feminismo sufragista. Aquel tuvo la dificultad o el freno interno de la causa feminista en aras del proyecto socialista, la mujer nueva quedaría aplazada.

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El nuevo orden mundial surgido del pacto de Versalles marcará las nuevas fronteras políticas europeas y de sus colonias. En este contexto, la mayoría de los países desarrollados adoptaron el sufragio femenino como una realidad.

Los cambios producidos a principios de siglo XX, la consolidación de partidos políticos fuertes e institucionalizados y el peligro de la subversión comunista hacen que el feminismo se repliegue, ya que sus principales reivindicaciones habían sido conquistadas.

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La filosofa francesa Simone de Beauvoir irrumpe en estos años con lo que hoy es considerado un clásico del feminismo El segundo sexo (1949) ¿qué significa ser mujer? ¿qué significa vivir la experiencia de ser mujer? son algunas de las cuestiones que abordará, elaborando categorías de análisis que le permitirán comenzar a responder alguna de las preguntas que se plantea. Indaga desde lo multidisciplinar proponiendo respuestas más complejas y profundas.

La feminidad como construcción social y la “otredad sexual” servirá como base para el desarrollo de la teoría y la práctica feminista de las hijas de aquellas mujeres que ya habían conseguido el voto y la educación terciaria, aquellas que las conquistas las habían alcanzado, aquellas que gestarán la tercera ola.

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Los años dorados del capitalismo, la tensa calma conseguida tras la Segunda Guerra Mundial, llevaría a un nuevo impulso de las sociedades industriales desarrolladas. Se exportaría el sueño americano como hoja de ruta hacia la felicidad ¿En qué lugar quedaron las mujeres de posguerra? Nuevamente circunscriptas al ámbito doméstico, a la crianza de los niños, al cuidado de las grandes casas con bellos jardines y de sus maridos guerreros. Eso sí, ayudadas por los nuevos electrodomésticos.

Las mujeres de los años cincuenta, habían trabajado, ejercido el voto y estudiado, pero comenzaron a sentir una enorme insatisfacción. Betty Friedan logra llegar a millones de amas de casas con su libro La mística de la feminidad permitiéndoles con un lenguaje accesible, identificar su situación de opresión como una experiencia colectiva.

Es una de las representantes del feminismo liberal gestado en la década del sesenta, cofundadora de NOW, una de las organizaciones feministas más grande de EEUU. Propuso la reforma del sistema hasta lograr la igualdad de los sexos a través de la inclusión de las mujeres en la esfera pública, la inserción en el mercado de trabajo y la formación de futuras mujeres políticas.

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En el marco de la Guerra Fría los años sesentas marcarán un punto de inflexión. La efervescencia cultural, social, intelectual, sexual y política estaba en todas partes, pero ¿Qué lugar ocupa en el debate las inquietudes de las mujeres? ¿Cuál es el lugar dentro de estas revoluciones? ¿Qué transformaciones? ¿Para quiénes?, esta vez no sería la causa aplazada.

El feminismo se organiza en forma autónoma constituyendo el Movimiento de Liberación de la Mujer. Estas mujeres son portadoras de un bagaje intelectual enorme, el cual deciden volverlo acción. Identifican al patriarcado como el sistema de dominación básico sobre el cual se cimentan el resto de las desigualdades, considerando a todos los varones los únicos beneficiarios (económico, sexual, psicológicos). Traerán al debate político las relaciones de poder que se dan en la familia y la sexualidad.

Siendo proactivas realizan grandes protestas públicas, animan a las mujeres a conocer sus cuerpos desarrollando una adecuada ginecología y salud fuera de las estructuras patriarcales; forman grupos de conciencia en los cuales la reflexión colectiva de las experiencias individuales las conduce por el camino de la liberación, independencia y autonomía; crean guarderías o centros de acogida para mujeres maltratadas.

En Europa, la movilización “Reclamar la Noche” en 1977 realizada en Italia, Gran Bretaña y Alemania Occidental consistió en marchar con antorchas para reclamar espacios seguros, es uno de los tantos ejemplos de acciones creativas realizadas por las feministas radicales de la época.

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Mujeres consientes y comprometidas, que no dejaron de cuestionar todo aquello que se les presentaba como dado; pensaron sobre su cuerpo y la sexualidad, el matrimonio como opresión, la pugna al poder masculino en sus múltiples formas.

Kate Millett con Política Sexual será una teórica imprescindible para estas mujeres poniendo el foco en el patriarcado como estructura de poder colonizadora.

A la luz de “lo personal es político” cada mujer aprehendió y resignificó su realidad a través de lo individual y de lo colectivo, de lo que une, pero también de lo que diferencia. El feminismo lejos está de ser un cuerpo homogéneo con repuestas absolutas, nace de la mirada crítica y es desde este lugar, que ha desarrollado su teoría y su práctica.

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A finales del siglo XX podemos hablar de feminismos: cultural, institucional, académico, ecofeminismo o ciberfeminismo, por nombrar algunas vertientes y de las muchas que están en construcción, que convergen cada 8 de marzo en las plazas de cada ciudad, de cada pueblo del planeta. Son la síntesis de los años de acumulación, reformulación y de lucha de estas pioneras que en cada etapa supieron interpretarse y transformarse.

Esta procesión irreverente que nos convoca con la fuerza de una ola que se formó hace más de tres siglos nos empuja a pensar y proteger lo conquistado por aquellas mujeres, pero sobre todo a seguir construyendo por las que vendrán.

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