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Querida Ijeawele.

By marzo 5, 2020mayo 5th, 2020No Comments

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo
Chimamanda Ngozi Adichie
(2017, Literatura
Random House)

Cuando, hace un par de años, una amiga de la infancia que se ha convertido en una mujer brillante, amable y fuerte me preguntó cómo criar a su hija para que fuera feminista, lo primero que pensé fue que no lo sabía.
Me pareció una tarea demasiado grande.

Pero yo había hablado públicamente de feminismo y quizá eso la indujo a suponerme una experta en la materia. […]

Para responder a la petición de mi amiga decidí escribirle una carta, que confiaba fuera sincera y práctica al tiempo que sirviera también como una suerte de mapa de mi pensamiento feminista. Este libro es una versión de dicha carta, con algunos detalles modificados.

Ahora que también yo soy madre de una niña encantadora, me doy cuenta de lo fácil que es dar consejos sobre cómo criar a los hijos cuando no tienes que enfrentarte a la enorme complejidad que comporta.

No obstante, considero una urgencia moral mantener conversaciones sinceras acerca de educar de otro modo a los hijos, de crear un mundo más justo para hombres y mujeres.

Mi amiga me respondió que «intentaría» seguir mis sugerencias.

Y, al releerlas ya siendo madre, también yo estoy decidida a intentarlo.

Querida Ijeawele es un libro cortito y al pie para iniciarse en el feminismo. Práctico, sincero, da un panorama del sexismo que nos rodea y plantea quince sugerencias para ser partícipes de un mundo más justo. La autora crea un mapa de su pensamiento feminista de manera clara y amena, logrando una guía sucinta para repensar nuestra cultura y nuestra sociedad.

Chimamanda Ngozi Adichie es una escritora nigeriana que publicó varios ensayos, novelas y un libro de cuentos.

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En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. […] Dile que, si algo la incomoda, se queje, grite.

Cuando éramos chicos, durante un tiempo indefinido, mi hermano y yo jugábamos a apostar entre nosotros «un día de esclavitud». Es un nombre terriblemente irrespetuoso, por supuesto, pero era un juego bastante inocente, ya que nos esmerábamos en realizar muy mal cualquier pedido (en general de la índole de «andá a buscarme un vaso de agua»), y muy pronto nos aburríamos de nuestro «poder» (después de todo muy limitado, ya que servía para elegir el juego de Nintendo, pero solo mientras el otro quisiera jugar).

No sé si puntualmente o con algún precedente, ampliamos el ámbito de nuestro juego privado, y le permitimos a nuestros amigos, Juan y Tania, apostar con nosotros. Perdí una apuesta con Juan por lo que tenía que hacer lo que él dijera. Entonces pidió que le muestre mi vagina. Yo tendría unos 7 años; Juan alrededor de 11. Los cuatro fuimos al cuarto, cerramos la puerta del pasillo con llave (el cuarto no tenía puerta y en la cocina estaba Valeria, la empleada que nos cuidaba). Cerramos todas las cortinas. Yo no quería mostrar mi vagina, me daba tanta vergüenza que sentía ganas de llorar. Los demás insistían, argumentaban. Tania (la hermana de Juan), muy seria, me dijo que tenía que hacerlo ya que había perdido la apuesta. Era así. No quedaba otra. Bajé y subí muy rápido mis pantalones, pero no valió. Mortificada, me bajé nuevamente los pantalones y la bombacha, y esperé. Nadie más se enteró; nunca lo volvimos a hablar con mi hermano ni con nuestros amigos. Dejamos de jugar a las apuestas.

Sentía que de contarlo me iban a decir que no había pasado nada, que era un juego, que podía decir que no. Traté durante todos estos años de tomármelo así, como una anécdota tierna y cómica de la infancia, pero seguía llenándome de una vergüenza muy profunda.

Ahora ya no siento vergüenza. Me da pena nada más que no nos hayan educado, a todos y a todas, con las palabras de Chimamanda.

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Te recomendamos, además de Querida Ijeawele, las obras de ficción de la autora.

También podés buscar la Trilogía africana de uno de sus referentes literarios; el escritor Chinua Achebe.

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