Editorial

TODAVÍA EN DISPUTA

por marzo 26, 2020 No Comments

Todavía en disputa

  

La imagen retrata a la cantante y actriz argentina Jimena Barón en una pose sensual, con un pancho en la mano, mirando a cámara. Su vestimenta es poca, y la asociamos a una estética cabaretera. En el medio de la imagen un número de celular. En ninguna parte se encuentra la palabra “puta”, pero bueno, sabemos que de eso trata. La estética visual es la de los “papelitos” de oferta de servicios sexuales que se distribuyen por las calles céntricas de Buenos Aires. Por Montevideo también circulan, pero de manera más invisible.

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El debate sobre la imagen —sí, sobre esta, porque la canción que publicitaba, así sí se nombraba puta, aún no estaba difundida—encendió la chispa de una discusión: el cuerpo y el dinero, la explotación del mercado y la libertad. Disparó por lo menos tres ejes como afirma la antropóloga María de las Nieves Puglia, investigadora de la Universidad Nacional de San Martín—. El primero es la trata de personas con fines de explotación y trata sexual. La imagen remite a una situación social como el engaño y el sometimiento de mujeres y también niñas. Otro eje es la discusión sobre la prostitución entre quienes la piensan como un trabajo más, y quienes la consideran una forma más de dominación masculina —los abolicionistas—. Y finalmente el último eje —según la autora— hace repensar en los feminismos pacatos y moralistas sobre las conductas de las mujeres, y que además no incluyen a las personas trans en su colectivos —y sus reivindicaciones—. A propósito, recomendamos “Devenir Perra” (2009) de la barcelonesa Itziar Ziga, escrito maravillosamente, para adentrarse en la subjetividad de una mujer trans dentro de lo que llama “femenidades subversivas”.

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Sobre el feminismo y el goce —que la cuestión de la “puta” introduce— Luciana Peker, feminista argentina, activista y periodista, propone salirse de los controles del deseo, ya sea del sexual o del plato de comida (para profundizar está su libro “Putita golosa. Por un feminismo del goce”, 2018). Muchas son las representaciones de la puta y sus sentidos pueden ser un poco diversos. La filósofa y escritora Tamara Tenembaum explica que en la literatura son varias las obras que la plantean en relación con el trabajo sexual. Sin embargo, para ella en su infancia recuerda en una nota de Escaramuza— solía encarnarse en formas de exhibirse, y de mostrarse en mujeres que parecía que la estaban pasando bien

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De esta manera, distingue el oficio de una forma de ser. Bien lo saben las personas trans que vive con el estigma —además de la realidad— de asociar su condición de género con la prostitución. En Uruguay, “La marcha de las putas” se realiza todos los años —en diciembre— dentro del movimiento global Slutwalk. Ya en el título vemos la apropiación del insulto para reivindicar algo tan antiguo como la liberación sexual —en todos los tipos de formas de ser mujer— y la posibilidad de ir vestida de manera seductora sin que eso implique una provocación.

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Barón, se identifica como feminista, y quería plantear —bien o mal—también desde la apropiación de la estética de los “papelitos”, una reivindicación sobre su cuerpo. Volviendo a la imagen inicial, su propuesta artística-musical la hace desde su Instagram —en la que postea en continuación su escultural cuerpo y principalmente su cola, la que ha mostrado como fetiche de su libertad—. De esta manera, esta imagen es leída en ese contexto de mediatización, en cierto marco de espectacularización de su propio cuerpo.

Unos dirán banalizando el discurso —entre publicidades de instagramer y exhibición de la vida privada de una cantante sin cualidades musicales— y otros entenderán que es un mensaje de una mujer que hace lo que quiere. Otros también que es una forma de seguir repitiendo patrones de generación de cuerpos dóciles. Y no tan golosos. En ese debate, el revuelo fue tal, que Barón eliminó su foto — y evitó junto a la disquera —esto es business, nena— que circulara por otros medios.

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La canción y su videoclip se colgó en youtube y en otras plataformas y no sucedió nada —carecemos de la información si se modificó en algo a partir de lo sucedido—. El debate se inició por una imagen mediática, es decir, por lo que esta incluía como posible sentido y que nos interpela y nos deja preguntas. Por ejemplo, sobre la condición femenina, la importancia del contexto en que circulan las imágenes —¿esto habría sido así en la esfera institucional del arte?—, de la autoría—¿si hubiera sido otra la cantante proponiendo esta temática?— y de la necesidad de seguir problematizando sobre las mujeres y sus cuerpos. Mientras tanto, los cuerpos masculinos —y otros— van quedando estratégicamente fuera de cuadro.

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