Editorial

VIERNES 13

By abril 21, 2020mayo 11th, 2020No Comments

Por María Abrines

 

Un viernes 13 el coronavirus entró a Uruguay.  Aquella ciudad de Wuhan distante en el espacio y  el tiempo; en su fisonomía; en el sentir y hablar; en los olores y las comidas, de repente estaba acá.

Empezó a fluir a borbotones la información de los expertos, de los comunicadores, de los políticos; comenzó a construirse la crónica de la Pandemia Nacional. ¿Por qué es tan importante el Covid 19? ¿Cómo algo tan pequeño, en términos relativos, con una tasa de mortalidad incierta paraliza al capitalismo? ¿Estamos asistiendo a una fase nueva del mismo? ¿Habrá un quiebre del sistema?

En el último medio siglo el neoliberalismo ha permeado  todas las estructuras de la humanidad:

 El principio fundante del capital no es la vida, es alcanzar las mayores ganancias […] posibles a costa de las dos únicas fuentes de riqueza de este mundo: el trabajo y la naturaleza. (1)

Fiel militante de la deshumanización, de todas las relaciones sociales, nos ha cosificado hasta el punto de convertirnos en una dirección IP con la cual extraer información sobre lo que somos, consumidores. A un click de distancia, un trabajador precarizado, prescindible o, mejor aún, un dron va a satisfacer cualquier necesidad.  ¿Es el fin del capitalismo? ¿Estamos siendo espectadores de una nueva reconversión? No lo sé. Pero sí estamos ante la posibilidad de atrevernos a pensar nuevas formas de configuración social, política y económica. ¿Acaso quienes detentan el poder, sólo ellos, tienen la exclusividad de la creatividad?

Aislamiento social pasó a ser la exhortación del Estado, pero ¿qué significa? ¿No es una contradicción en sí misma? ¿No somos animales sociales por naturaleza? Se nos fue recluyendo paulatinamente, primero los niños, los viejos, los grupos de riesgo, luego aquellos en condiciones de realizar teletrabajo y, por último,  los excluidos del mercado. Hay que adaptarse.

El “quedate en casa” se transformó en un mantra que se repite una y otra vez. Pero ¿quién se queda en casa?¿qué significa “quedate en casa”? ¿podemos todos quedarnos en casa? ¿qué consecuencias sociales, económicas, físicas y emocionales implica quedarse en casa? ¿seremos capaces de ponerle rostro a los daños colaterales?

La novedad de los primeros días, como toda nueva situación, se fue diluyendo. El confinamiento se transformó en una realidad diferente y surgieron otras preguntas. Quién se adapte más rápido ¿sobrevivirá? ¿Sobrevivir es un fin en sí mismo? ¿Sobrevivir a qué? ¿Para qué confinarnos en el espacio y en el tiempo individual? La realidad pasó a ser una, la realidad del confinamiento de un espacio vital que construyen-construyo a través de dispositivos digitales; las redes son virtuales, no tangibles; el teléfono, la computadora, el algoritmo nos concede una realidad tan acotada como mi pantalla.

Se ven trajes de bioprotección, desaparecen los rostros bajo tapabocas,  guantes, sobre-túnicas, lentes esconden el cuerpo. No beses, no abraces, no toques. El peligro es inminente, el contagio de la peste es inminente. ¿Sólo el virus es la peste? ¿Es esta la realidad? ¿Este es el futuro? ¿Sólo miedo y desconfianza por el otro? ¿Estaré segura sólo en mi casa? ¿No vamos a honrar más a nuestros muertos? ¿No vamos a  sostener la mano de nuestros hijos enfermos? ¿No vamos a tomar las calles nunca más?

El espacio común, el ágora, el mercado, la plaza, la ciudad, espacio que nos socializa y cuya apropiación, en buena medida, depende de una voluntad intestina de abrazar, ¿ya no será?

Mi repuesta es un rotundo no. Prefiero seguir buscando preguntas, ensayar  respuestas con la profunda convicción que serán colectivas y solidarias; en definitiva,  humanas.

Se dice “habitar la rebeldía”, “resignificar la comunidad, subjetivarla”. Que la inmunidad no se transforme en comodidad y privilegio es la consigna.

El confinamiento, el impuesto y el otro, no está brindando esa oportunidad difusa de interpelarnos. Nos obliga a configurar nuevas estrategias de subsistencia material, pero también espiritual. El futuro es incierto, pero lo ha sido así, para la inmensa mayoría de nosotros, siempre; la oportunidad es apropiarnos del presente.

 

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