Uy qué mujer

Camila Kirschenbaum

Basquetbolista

 

Cada día, desde muy temprano, Camila Kirschenbaum sigue estrictamente su rutina del liceo a través de la aplicación Zoom y por la tarde entrena: la práctica física la hace en el apartamento en el que vive junto a sus padres, y para las rutinas de pique baja al garaje “para no molestar a la vecina de abajo”.

Si el Covid-19 no formara parte de la realidad actual, hoy estaría en España donde vivió los últimos cuatro meses y medio estudiando y jugando basquetbol.

Kirschenbaum (Montevideo, 5 de setiembre de 2002) es una talentosa y prometedora jugadora de basquetbol que acumula méritos, conquistas y reconocimientos como el del Comité Olimpico Uruguayo a la Mejor Joven Deportista de Baloncesto en el período 2015-2016.

En numerosas ocasiones se viene destacando como máxima anotadora de los partidos, jugó en Bohemios, Sporting, integra la Selección Uruguaya y participó de numerosos campus de formación incluyendo el Global NBA en Chicago Illinois siendo destacada dentro de las mejores 8 de 24  jugadoras de la generación. En 2018 cumplió el sueño de subir al podio representando a Uruguay al obtener el bronce en los Juegos Suramericanos en Cochabamba, Bolivia, donde además fue la máxima anotadora. Su curriculum es poderoso y va en dirección ascendente. La intensidad de su foco llega hasta la Euroliga y la WNBA:

“A largo plazo quiero poder vivir del básquet, ser una jugadora profesional y poder jugar en algún equipo bueno de la Euroliga o llegar a la WNBA y ser una de las primeras mujeres uruguayas en estar ahí. Todavía no sé si voy a llegar, ojalá que sí, yo estoy haciendo todo lo posible y creo que estoy en el buen camino”.

Es disciplinada, lúcida, exigente y muy trabajadora. Hija única de padres deportistas, de niña recorrió varios clubes deportivos y colonias de vacaciones hasta que ancló en el basquetbol:

“El deporte te deja amigos, te enseña a convivir con los demás porque en el básquet no se trata de hacer lo que a una le parezca sino también de escuchar a los otros y aprender y equivocarte y tratar de ceder un poquito. Ahí es cuando te vas complementando. Te enseña a poder convivir con el otro y a poder trabajar en equipo y eso es muy importante para la vida. Cuando arranqué a jugar, que fue hace diez u once años, el basquetbol femenino no estaba tan aceptado. Hoy hay muchísimas chicas jugando que antes no se animaban por ese miedo a lo que iban a decir, y que terminaban jugando al hockey, al voleibol o al hándbol porque son deportes ‘femeninos’. Poco a poco se fue desarrollando la idea en la sociedad de que los deportes son para todos”.

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